martes, 27 de mayo de 2008

Monstruo

Es difícil que hable más de cinco minutos por teléfono, eso, como era de esperarse me ha cosatado más de una bofetada y alguna que otra enemistad. Para mis amigos es una grosería, para mi familia una forma vulgar de romper lazos, para la burocracia la forma evidente del poco interés que muestro en sus servicios.

El caso es que con el celular pasa algo diferente, hablo poco tiempo sí, pero hablo muchas veces: hablo con mi novia, con mi hermana, con mis amigas, con alguno que otro cuate, mi asesora de tesis, la gente del archivo y así, vivo entonces pegado al celular. Tengo que confesar que aceptarlo no sabe tan bien, pero tampoco es algo que pueda seguir negando.

En una ardua investigación llegué a la conclusión de que mis palabaras hacían algo en el teléfono para que me tuviera así de enganchado, leí en alguna revista una teoría de esas a guisa de mito urbano que me atrajo de inmediato:

según esta publicación, en cada teléfono celular vive algo o alguien que, siendo alimentado por nuestras palabras exige más llamadas con la finalidad de perpetuarse, es como sí cada que hablaramos alimentásemos a nuestro monstruo, ese que viene con nuestro equipo k789 o W no sé qué, o motorola o nokia o el que sea, todos tienen un ente habitando dentro que usa nuestras palabras de aliento, de amor, de sumisión de cualquier tipo como alimento.

Esta pesquisa me llevó al fabuloso y nunca bien ponderado YOUTUBE donde damas y caballeros encontré lo siguiente:

(Absténganse adictos al celular o cardiacos potenciales)


lunes, 26 de mayo de 2008

Ventanas

Caminaba con el entrañable PAPITAS por el centro de la ciudad de México en un penoso estado de incipiente ebriedad. Como era de esperarse, el prohombre que me acompañaba hizo gala de sus habilidades para molestar al que escribe, en esa tónica recordó con singular alegría mi provinciano origen, mi deseo por establecer relaciones sociales fuertes, la ínfinita melancolía que produce el vertiginoso ritmo de cambio, la forma en que los amigos desaparecen sin dejar huella.

Como no andaba de humor para molestar igual, tuve que aceptar que varias cosas de ésta ciudad me resultan desagradables, (no todas tengo que aceptarlo) pero en ese momento, afuera de las dos naciones y de la india (ambas cantinas ubicadas en la calle de Bolivar) me asaltò el recuerdo de un poema de Salvador Novo, que siendo chilango, temìa de la ciudad.

Saquè la càmara, fijè el objetivo e intentè parafrasear la parte del poema que ahora transcribo.

Aquì la foto:




Aquì la parte del poema:

Yo me perderìa aquì, solo
en tanta calle lisa y larga;
ninguna persona sabe quien soy,
las luces son mas fuertes.
LAS VENTANAS MÀS ALTAS Y CERRADAS.


miércoles, 7 de mayo de 2008

Raro


Es difícl saberse endeble, y comprender que
el puente que se tiende entre la complitud
y la vacuidad está compuesto por agua: así de un momento al otro, el puente
que era frágiles cristales se torna hielo y podremos transitar por el sin problema,
cuidando sólo no resbalar.

pero igual que se hizo hielo, puede llegar un viento cálido, o agua caliente o un escupitajo divino que lo haga francamente imposible, y así, de un segundo al otro dejamos de ser quienes éramos para intentar acomplarnos a una nueva condición. Algunos pensaran que lo más fácil es nadar, pero no, el agua ha sido absorvida por la tierra a los pies del puente.

Al otro lado nada es lo mismo, todo resulta insólito y las certezas que te hacian caminar erguido son las mismas que te obligan a callar.

Al final alfil cinco reina. Jaque mate





en todas las cosas, cada cual queda, en el último extremo, reducido a si mismo. Goethe