viernes, 20 de diciembre de 2013

Catarsis

Andábame yo contento con la idea de cambiar, de ser otro, de cerrar ciclos. Andábame alegre con la situación, todo estaba en orden, incluso aprendí a cocinar un par de cosas para sorprender y sorprenderme, aprendí a planchar los cuellos de las camisas y a usar corbata sólo porque quería hacerlo. Aprendí a abrazar a mi perro y decirles a mis amigxs que lxs extraño, aprendí que mi pareja me necesitaba más de lo que yo pensaba. Aprendí que es fácil ser un hijo de puta, aprendí que esa facilidad lastima y que no es tan fácil ser hijo de puta, aprendí que cuando dañas, te dañas y que lo mejor es estar solo, siempre solo, reducido al sí mismo al que estamos condenados. La soledad perene y aceptada, una onda estilita, con una cubeta para la mierda la cual no quiero arrojar de las alturas. Aprendí también que cuando hablamos de género no hablamos de mujeres y que cuando hablamos de fronterizos no hablamos de pochos. Que cuando hablamos de extrañar no siempre hablamos de amor y cuando hablamos de amor no siempre hablamos de compañía. Meses rudos sin duda, muerte y nacimientos, ser el represéntate de un grupo, darle la cara con malas noticias, aguantar, no quebrarse, soportar el llanto en lo más hondo, y luego, de repente, vomitar todo, sacar el llanto con los tacos, llenarte la camisa de mocos, lágrimas y comida medio digerida, dejar tus tenis anaranjados por la salsa, los chetos y las tecates. Sentir vergüenza, verte quebrado frente a conocidos, voltear y ver que no hay amigos con los cuales romper en llanto, que las puertas son pocas y los puertos pequeños para todo el llanto y la rabia. Soportar. Decir que todo sigue y darse cuenta que el impasse continúa. Enamorar y ser enamorado, levantarse y revisar el celular, mandar saludos por radio, hablar en otro idioma, convertir los pesos a dólares, viajar solo, decir que estas acompañado cuando estás solo, buscar dar celos, lógralo, arrepentirte, llorar, reír, coger con ganas, con lengua, dedos, ojos, nariz. llorar a medio palo sin saber por qué, agarrar la maleta y salir del hotel de paredes verdes, llegar lejos, regresar al hotel, roto, medio muerto, humillado, explicar que nada pasó, ser ignorado, dar por terminado todo, recordar que efectivamente nada pasó, explicarlo de nuevo, ser ignorado. Menudo frío, refrescos tibios, camiones ruidosos, películas del national geographic, el ave del paraíso y su baile soberbio. La ciudad, las hamburguesas grasosas, otra noche de pasión XXX, la idea de ser padre, la hermosa idea de serlo, el temor de que pase, que salga feo, que salga menso, que no le guste viajar. Que su madre me demande por no casarme, pagar multas, no ver a mi hijx. La menstruación, el reclamo del puto embarazo fallido, la despedida, el camión del a 5 y 10. El “pendejo” al descenso del camión, la coca helada y los comentarios sobre el trabajo final. Escuchar lo que querías escuchar, sentirte bien, una clase buenísima. Buscar si cambiaron el horario del viaje, tener miedo de que cambien el horario y que nadie te crea, la maleta y 25 kilos abajo y los 7 de arriba. El nuevo amigo y su hijo, la esposa y las hamburguesas, el sándwich de 56 pesos, mandar a la mierda a la aerolínea y no pagar sobre peso, decirle al amigo que aguante lo pesado en la banca mientras documento, librarme de una multa de 500, dos horas de retraso, el incendiario, las ganas de partirle la madre al imbécil del mostrador que quiso gritarme, ignorar a los de seguridad que querían sacarme del aeropuerto, ponerse digno, decirle puto al wey del mostrador, explicarle a los viajeros que es lo mejor, lograr algo, levantar a otros cuatro pasajeros, hacer ruido, tuitear, la señora molesta, la niña llorando, la gorda que defiende. El arribo del avión, llegar tarde, tener miedo de los Zetas. Cenar cereal podrido, la casa en ruinas, las teles fundidas, el horno que no calienta. Dormir, el oído lleno de cerilla, las ganas de mandar todo a la mierda. Hacerlo en sueños, conmoverse con el sufrimiento de Jesse, odiar a heisenberg, comprobar que es fácil ser un hijo de puta, comprobar que lastima. Las llamadas nunca contestadas, el emputamiento, el valemadrismo, comer y comer y comer, ver una peli terrible, el dolor de oído, saber que es cerilla, sentir como cubre todo, meter un palillo, no sacar nada más que sangre de la cavidad auditiva, los calzones a la lavadora. Las ganas de escribir, de sacar todo, de mandar todo a la mierda. Andábame yo contento con mi plan, pero mi plan y su desarrollo son una mierda. En mi pecho no hay un pájaro azul, no hay nada, no peleo con mis sentimientos, no los tengo. Ahora a dormir y mañana reír y decir que todo está bien.

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