jueves, 22 de mayo de 2014

Sueño 1

Soñé que llegaba a la nueva casa cansado de la rutina. Soñé que me regalaba un gorro que nunca me quitaba, uno que se encarnaba, que se hacía parte de mi cuerpo. Mis tejidos lo absorbían, se mimetizaban, en el estambre comenzaba a llenarse de bazos y poco a poco corría la sangre. El gorro se adhería a mi cuerpo, o mejor dicho el gorro absorbía mi cuerpo. Depositario de amores abandonados, el gorro tomaba vida, de pronto me sustituyó.
El gorro comenzó a tomar las decisiones, me llevaba para un lado u otro y me hacía usar determinado tipo de pantalones, prefería los amarillos y las botas cafés. Un día sin darme cuenta mi rutina era otra, me despertaba con camisas blancas con cuello para ballenitas. Despertaba con delicadas corbatas de seda. A mi lado siempre estaba Z, digamos que Z siempre está, me acurrucaba, me dejaba ver como se pintaba las uñas, me permitía contarle cuentos y hacerle entrevistas. Z se había enamorado de mi y yo de Z, pero el gorro, depositario de amores abandonados, seguía creciendo. Fuimos a los mejores hospitales, intentamos todo: me operaron, incluso hicimos caso de las propuestas del Dr M y me habían metido a un escáner inmenso buscando la punta para deshebrarme.

El 29 de Abril, el día que habíamos quedado de ir al Salón Corona para comer tacos de chicharrón verde desperté y no supe que hacer, quise moverme pero no podía, ningún tejido hizo caso, no me moví, en el espejo se reflejaba un trapo gris, un gorro de bender…

1 comentario:

Espaciolandesa dijo...

¿Viste por casualidad ese día "Ratatouille"?