miércoles, 18 de junio de 2014

Carta a Tino

Mi muy querido
He descubierto mi criptonita, he dado con ese elemento que me hace miserable y que me quita todas las fuerzas. Es el silencio. Esa ausencia puede desarmarme, me deja abandonado. El silencio querido tino, debería de estar penalizado porque duele. Mi pareja ha optado por regalarme su silencio y cala hondo, hasta el fondo. El silencio se mete por los huesos, aniquila algunas corrientes nerviosas, hace la sangre lenta, la cuaja, la convierte en nata.
Y es que en el silencio cabe todo: en él están la violación, el viaje, la falta de celular, de interés, la preocupación, el llanto, la felicidad, el engaño, el sexo desenfrenado con un mesero italiano. Las lágrimas que caen sobre el río frío. Cabe el desamor. Cabe el desaliento. El silencio es el único capaz de congregar todo lo que existe y existirá.
Por eso tino, el puto silencio debería estar penalizado, debería de existir un juicio sumario a todos aquellos que ejerciten el silencio, que lo practiquen, que lo provoquen. Burócratas malditos que buscan desestabilizar. Nunca más el silencio
Maldigo, hermano mío, todo lo que callan los que callan, porque el silencio es el miedo y el miedo paraliza y estar paralizado es estar condenado, estar esperando que los otros decidan por uno, que lo humillen, que lo ensalcen.
Hablemos fuerte y claro, digamos con todas sus palabras que callar es de cobardes, que callar lastima, es violento, tan violento como un golpe en la cabeza.
Hermano tino, hay tanto por decir, pero esta sensación no cabe en un millón de hojas en blanco.

Pero decime, ¿vos cómo estás? ¿Cómo lograste superar el silencio de ...? ¿Qué dice la mar? ¿Es cierto que es más ancha y más profunda que el penar?
Abrazos Tino.


Desde Tijuana,